Una consulta frecuente que he recibido últimamente ha sido: ¿Qué puedo hacer para que mi hija/hijo deje de llorar en las noches? / ¿Por qué mi hija/hijo no quiere dormir?
Antes de responder, suelo preguntar qué es lo que hacen cuando eso sucede, para ponerme en contexto. Generalmente recibo respuestas como estas:
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Le dejo llorando en su cuarto.
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Le grito o le pego.
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No le hago caso.
Luego de escuchar estas primeras respuestas, repregunto: ¿Para qué haces eso? Es decir: ¿Para qué le dejas llorando en su cuarto? / ¿Para qué le gritas o golpeas? / ¿Para qué no le haces caso? Y es sorprendente escuchar respuestas como:
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Le dejo llorando en su cuarto... para que se acostumbre a dormir sola o solo.
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Le grito... para que se calme y obedezca.
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No le hago caso... para que deje de llamar la atención llorando.
Por el contrario, cuando a una niña o a un niño se le deja en su habitación llorando, sin atención, más bien siendo ignorada o ignorado, comienza a nivel cerebral un proceso intenso de estrés, como si estuviera en un estado de shock constante.
¿Qué puedes hacer entonces?
- Bríndale soporte emocional, eso significa acompañarle en su proceso, conectar con sus emociones las veces que sean necesarias, independientemente de la edad que tenga. Cuando es bebé, acunarle en tus brazos, cantarle una canción, darle de lactar (en caso hayas decidido darle pecho), etc., pueden convertirse en buenas alternativas frente a situaciones que ella o él considera amenazantes a su corta edad. De ese modo, el bebé aprende a sentirse protegido, atendido y amado, disminuyendo su nivel de estrés de manera adecuada.
- Practicar colecho, es decir, compartir la misma cama con tu hija o hijo. Esta es una práctica con muchos mitos (que aclararé en otro post), pero con realidades comprobadas. Más de una investigación científica ha demostrado los grandes beneficios para niñas, niños y personas adultas que lo practican. Entre ellos: la niña o niño aprende a pasar de una fase de sueño a otra porque sincroniza su respiración con la de su madre o padre. Poco a poco, te hará saber que ya está lista o listo para dormir sola o solo. Pero mientras tanto, compartir el lecho le proporciona seguridad y confianza.
- Ponte en su lugar, escuchando y observando sus verdaderas necesidades. A veces se torna difícil comprender por qué lloran nuestros bebés, dado que aún no hablan. Sin embargo, ser constantes en el acompañamiento permitirá que tengas mayor claridad sobre lo que necesita. Por ejemplo: quizás tiene el pañal mojado, hambre, cólicos, alguna etiqueta de la ropa le está raspando la piel, le duele algo, etc.
- Confía en lo que estás haciendo. Esta es una recomendación que suelo dar con mayor énfasis, porque ninguna niña o niño llega al mundo con un manual bajo el brazo. Por tanto, solamente las madres, padres o cuidadores (según sea el caso), son quienes irán conociendo progresivamente a su hija o hijo de manera particular. En ese sentido, escucharás a lo largo del tiempo comentarios de otras personas como: “Le estás malcriando por cargarle mucho en brazos."// “Te quiere manipular con el llanto.” // “Déjale llorar para que aprenda a ser independiente.”
Todo esto, probablemente, te hará dudar de lo bien que estás haciendo tu rol como madre, padre o cuidador. Agradece los comentarios, pero sigue acompañando a tu hija o hijo en su proceso de desarrollo.
Quisiera terminar este artículo informándoles —sin ánimo de asustarles— que el cerebro de una niña o niño sometida o sometido a periodos prolongados de estrés puede desarrollar con el tiempo un mayor riesgo de depresión, ansiedad, insomnio e incluso consumo de alcohol y drogas en la etapa adulta.
En el siguiente video, Rosa Jové, autora del libro “Dormir sin lágrimas” —que recomiendo muchísimo— explica claramente este proceso y sus consecuencias.
• Nelly González •
Psicóloga | Psicoterapeuta
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