Cuando una niña o niño se siente abatida o abatido antes de tiempo, sin ganas ni motivación siquiera para intentar alguna tarea encomendada, prácticamente paralizándose sin poder actuar, estamos frente a una niña o niño desalentada o desalentado, que aprendió —de manera equivocada— que es incapaz de lograr una meta con éxito; es decir, asume que su “incapacidad” es real.
Es probable que, las veces que lo intentó, haya recibido a cambio acciones o frases que le hicieron creer lo “poco” o “mal” que estaba haciendo, instaurándose esa idea en ella o él.
Un adulto con incapacidad asumida es alguien que tiene metas, como cualquier persona, pero a su vez, la certeza —equivocada— de que no cuenta con las habilidades para alcanzarlas. Es quien, cuando se le presentan retos personales o profesionales, siente miedo al fracaso de manera anticipada, por lo que prefiere no arriesgarse, porque cree que lo hará mal, que no será exitoso o exitosa. Simplemente, no lo intenta, no actúa. Es muy probable que este adulto haya construido esta “incapacidad asumida” desde sus primeros años de vida.
¿Qué acciones hacen que tu hija o hijo empiece a formar esta creencia?
Criticar y/o juzgar sus avances.
Burlarte de sus pequeños logros.
Ignorarle o abandonarle cuando me pide ayuda.
Exigirle más de lo que puede dar.
Echarle la culpa al mínimo error que cometa, etc.
¿Qué frases inducen a la construcción de esta creencia?
“¿Otra vez te vuelves a equivocar en lo mismo?”
“¡Toda la vida sacas mala nota!”
“¿Cuándo podrás ser más inteligente como tu hermano?”
“¡Qué vas a poder tú, si siempre lo haces mal!”
“¿Tan fácil era el examen y solo has podido sacarte un 13?”
“Mejor lo hago yo, porque tú eres demasiado lento.”
“Eres un bueno para nada”, etc.
Cuando la niña o el niño recibe esas frases frente a su conducta, poco a poco va interiorizando, de forma inconsciente, el mensaje oculto de: “No valgo. ¿Para qué lo voy a intentar, si nada me sale bien?”, contribuyendo así al desarrollo de una baja autoestima y a esta creencia equivocada de “incapacidad asumida”.
¿Qué puedes hacer para que tu hija o hijo deje esta creencia equivocada?
La buena noticia es que hay maneras de desaprender cualquier creencia instaurada. El primer paso es cambiar nuestros hábitos en la forma en que nos expresamos y actuamos frente a ellas o ellos, y luego ofrecerles la oportunidad de empoderarse poco a poco, para recuperar esa autoestima que está en declive:
Enfócate más en los aciertos de tus hijas o hijos, y menos en sus errores.
Cuando se equivoque, en lugar de juzgar o criticarle, hazle saber que es una buena oportunidad para aprender algo de esa situación, y que pase lo que pase, siempre estarás a su lado: “Sé lo mucho que querías lograr eso. Estoy segura de que la próxima vez podrás intentarlo.” // “Sé que a veces puede resultar difícil conseguir algo, pero poco a poco podrás hacerlo, y si necesitas ayuda, estaré a tu lado.”
Dale la oportunidad de experimentar el éxito, reconociendo sus logros —por más pequeños que sean— con frases como: “Valoro mucho tu esfuerzo…”
Aliéntale con tu ayuda para terminar lo que empezó: “¿Qué te parece si yo empiezo el primer ejemplo y tú continúas con el siguiente?”
Dedica un tiempo especial para compartir juntas o juntos, de manera que sienta que es importante para ti.
Siempre habrá un día para volver a empezar. Hoy, por ejemplo.
• Nelly González •
Psicóloga | Psicoterapeuta
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