State Ex Machina

State Ex Machina

El occidente está utilizando las instituciones internacionales, el poder militar y los recursos económicos para manejar el mundo de una manera que mantenga el predominio occidental, proteja los intereses occidentales y promueva los valores políticos y económicos occidentales. Este es el punto de vista de los no occidentales y hay mucho de verdad en ello.

Lo descrito por Samuel Huntington, reconocido politólogo estadounidense, en “Clash of Civilization” hace ya más de veinte años tiene hoy en día casi un valor profético.

En el argot artístico se utiliza la frase «Deus Ex Machina» cuando una trama se resuelve a través de un elemento, personaje o fuerza externa que no haya sido mencionado con anterioridad y nada tenga que ver con los personajes ni la lógica interna de la historia, entendiéndose como la imposición de una solución externa.

Pues bien, esto no solo pasa en una obra teatral o una novela, sino también lo encontramos en la política internacional durante mucho tiempo. Se ha querido resolver la trama de un país a través de ideas, instituciones o valores que eran ajenos a la historia interna de ese país. Podemos recordar el Tratado de Berlín de 1885 en donde se impuso la noción de Estado en el territorio africano por parte de las potencias europeas de la época. Podemos evocar así también la idea de la “intervención en los países islámicos para lograr su democratización” que postulaba Estados Unidos en la invasión de Iraq del 2013. El “Consenso de Washington” representó la imposición externa de medidas económicas a fin de dar solución a los problemas internos financieros de ciertos Estados.

Si bien estas ideas o valores pueden ser muy bien necesarias o quizás imprescindibles para dar un final satisfactorio a la historia, al igual que un espectador se queda insatisfecho cuando todo se resuelve con un hecho externo casi forzado, las poblaciones locales se sienten insatisfechas o hasta manipuladas cuando esto sucede. Frente a esta imposición lo que se produce es una reacción contra el “imperialismo”, como se ve reflejado en el exacerbado fanatismo de algunos movimientos contrarios a estas medidas, causando más bien mayores problemas y conflictos locales. Remontémonos sino a 1994 a un país centroafricano entregado a Bélgica en 1885 llamado Ruanda. Las diferencias entre civilizaciones han generado los más prolongados y violentos conflictos. Diferencias culturales, en los valores y creencias esenciales son una causa de conflicto (“Clash of civilizations”)

Las mismas ideas o valores no son igualmente prioritarias o imprescindibles para el desarrollo de distintas sociedad. El individualismo, liberalismo, constitucionalismo, igualdad, estado de derecho, democracia, libre mercado o separación iglesia estado no tienen la misma prioridad en Estados teocráticos islámicos que en Estados democráticos occidentales. Harry C. Triandis en, “Cross-cultural studies of individualism and collectivism”, un estudio comparativo de los valores en más de 100 sociedades distintas, concluyó que: “Los valores que son sumamente importantes en el occidente no lo son tanto en el resto del mundo.”

Así como se recomienda que para evitar incurrir en esta figura literaria hay que hacer que la solución o desenlace “nazca” a través de un elemento o personaje de dentro de ella misma, también las poblaciones involucradas deben ver como suyas las “soluciones” propuestas externamente, adaptarlas de ser necesario y llevarlas a cabo. Al verlas como necesarias, los involucrados se comprometerán con la causa y estarán dispuestos a realizar los cambios acordes a ese fin. Ademas se evitará la presunción, por parte de la población local y de la comunidad internacional, de que un poder ajeno, sin tener idea de los valores, intereses o creencias de la sociedad, impone una idea provechosa para sí mismo únicamente.

No hay una verdad absoluta, un molde único o una solución perfecta que pueda ser aplicada a cada una de la infinidad de situaciones socio-culturales existentes a nivel mundial. Y por ende ninguna nación, población, grupo social o persona debiese considerarse su adalid justificando así la intervención en asuntos externos. Hay que tener en cuenta, ante todo, el deseo y la opinión de los directamente involucrados.

En una época de globalización en donde cada individuo de los 7 mil millones existentes, tiene la posibilidad de hablar por medios donde su voz tendrá más resonancia, encontrando quizás otra persona que hable con su misma voz, lo que debe existir es diálogo. Dialoguemos para compartir ideas y contrastar opiniones, para dar a conocer nuestras creencias e intereses. Dialoguemos para comprometernos, comprometernos con valores básicos a ser considerados universalmente necesarios para el correcto desarrollo del argumento.

En un mundo donde la opinión pública impera ya no puede existir la imposición de soluciones externas. Hagamos que el desenlace de la trama del mundo siga la lógica de la historia. Ayudemos si a que sea el mejor final posible, pero donde sólo actúen los actores originales. Ayudemos a que otro pasaje de Huntington sea el profético. “En el futuro no habrá una civilización universal, sino más bien un mundo con diferentes civilizaciones, cada una de las cuales deberá aprender a coexistir con las otras.”

Julio José Luqui-Lagleyze de la Puente

Internacionalista.

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