Sin Esperanza No Hay Futuro

Sin Esperanza No Hay Futuro

Existe una realidad que no podemos negar. Día a día caminando en las calles de esta Lima húmeda y gris podemos observar cómo niños de diferentes edades realizan arduos trabajos para poder llevarse un pan a la boca, ya sea limpiando autos, vendiendo caramelos, flores, papeles de regalo, realizando acrobacias que exponen su vida y salud o simplemente pidiendo algún tipo de limosna. No solamente en las calles podemos observarlos, también sucede cuando nos subimos a un transporte público, siempre hay un niño que nos despierta el alma con esos hermosos cánticos andinos que desde el fondo de su corazón gritan ayuda y a pesar de estar cansado porque ya no le alcanza la voz para seguir cantando realiza su mayor esfuerzo.

Alguna vez me pregunté: ¿Qué hay detrás de todos estos niños? ¿Qué historia tendrán que contar?

Muchos de estos niños tienen una madre enferma impedida de laborar y asumen ese rol de “padres de familia” para poder sustentar su hogar. Generalmente son los hermanos mayores quien obtienen ese rol, pero existe el caso donde el hermano mayor resulta ser un niño de tan solo 5 años de edad. También existen casos, por no decir en la mayoría, que estos niños sufren maltratos físicos y psicológicos por parte de sus propios padres o por las personas que los tienen bajo su custodia, y los obligan a trabajar con la finalidad de satisfacer sus vicios.

Se puede creer que estos niños explotados que dejan de acudir al colegio o estudian en la escuela nocturna para que en la mañana tengan tiempo de laborar cuenten con alguna esperanza de mejorar en un futuro, de manera que se conviertan en profesionales de éxito u obtengan un trabajo satisfactorio. Pues no lo creo, muy pocos de ellos tienen esa pequeña esperanza de luz en sus vidas, la mayoría se conforma con lo que tienen, es decir se ven en un futuro incierto realizando la misma actividad por siempre y asi continuará el círculo vicioso.

Este círculo vicioso se construye desde el aforismo: “La pobreza es un generador de otra pobreza, la de la educación” (Santiago, 2007)[1]; siendo la educación un derecho constitucional y humano indispensable para el desarrollo sostenible de todo ser humano. El círculo vicioso funciona de esta manera: sin educación sus ingresos como adulto son bajos, la familia es pobre y  debido a sus bajos ingresos envía a su hijo a trabajar, por lo tanto el niño deberá compartir esa responsabilidad y no podrá estudiar. El no tener acceso a la educación nos regresa al primer punto, la pobreza se transmitirá de una generación a otra. En efecto, el trabajo infantil forma parte del círculo vicioso de la pobreza. El cual es el factor desencadenante de no tener una educación. (Vandenberg, 2008)[2].

Cuando les he preguntado a los niños en la calle: ¿Qué quisieran ser cuando sean grandes?, ellos me responden, con la cabeza gacha, sin ningún tipo de aspiración alguna, “si yo ya soy grande” o te responden “no pienso en un futuro”, creen que por tener un origen humilde están condenados a no tener aspiraciones, sueños y metas. Si les preguntas: ¿Por qué no quieres ser abogado, médico, ingeniero etc.?, te responden con una sonrisa sarcástica “cómo voy a estudiar eso si ni dinero tengo, esas carreras son para personas que tienen dinero no para mí, además ya ni estudio.”

Al responder a la primera pregunta con que se consideran grandes, está claro que ellos asumen un rol que no deben, tan solo son niños que quieren jugar, divertirse, distraerse y estudiar. No deben emplear un rol que fundamentalmente es obligación de los padres, el sostener un hogar. Se están quemando etapas y esto traerá como única consecuencia más adelante que ese niño explotado sin tener algún tipo de aspiración, debido a que su realidad no se lo permite, será en un futuro no muy lejano el delincuente porque están cansados de una sociedad indiferente e indolente, están cansados de ver a un niño de condición socioeconómica estable que está jugando en un parque, con esa libertad que ellos no poseen porque en su lugar están vendiendo algún tipo de producto obligados por sus progenitores, observándoles desde una esquina a vender. Con ese miedo en los ojos te reciben una limosna, con ese miedo en los ojos te aceptan o te rechazan algún tipo de ayuda.

Este es un problema que preexiste y nos atañe como población debido a que ya hemos normalizado esta conducta y que en los últimos años no se encuentra en los puntos de agenda del poder legislativo: el trabajo infantil. Es importante señalar que “la importancia del trabajo en la humanización del hombre y en su desarrollo como adulto, se fundamenta en la necesidad de comprender su impacto en el desarrollo de los niños que trabajan”.(Mitjáns, 2001)[3]

Según el informe de la OIT se calcula que en todo el mundo hay 158 millones de niños de entre 5 y 14 años que trabajan, lo que equivale a 1 de cada 6 niños. Los mayores afectados en este tipo de prácticas son los niños que provienen de hogares paupérrimos, que se encuentran en una extrema pobreza, y también los niños de las zonas rurales que lo realizan como práctica común.

El trabajo infantil vulnera los derechos humanos fundamentales; puesto que se ha comprobado que entorpece el desarrollo de los niños, y que potencialmente les produce daños físicos y psicológicos para toda la vida. (OIT, 2004)

¿Sería idóneo en el Perú legalizar el trabajo infantil siguiendo los pasos de Bolivia en la cual se promulgó una ley que legaliza este tipo de trabajo?

A mi parecer no sería la solución, por el contrario, esto generaría un retraso para el país, en el cual justamente se está luchando contra este tipo de actividad que vulnera los derechos humanos en cuanto a su libertad de vivir una infancia plena, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo (OIT). La  solución está en manos de los gobiernos apoyando y reforzando la educación universal y obligatoria.

Siendo los niños el futuro de nuestro país se debe tomar conciencia de esta problemática determinando los factores que contribuyen a esta práctica ilegal para así coadyuvar al objetivo principal de la OIT la abolición efectiva del trabajo infantil, beneficiando a todos los niños peruanos al tener acceso a una buena educación sin tener la necesidad de laborar para subsistir.

Si cada niño que trabaja en la calle tiene una pequeña luz de esperanza en sus corazones de poder cambiar las cosas pudiendo estudiar y más adelante ser profesionales, su futuro podría cambiar, no sentirían que son adultos ya que nunca dejarían de soñar. Es por esto que sin esperanza no hay futuro.

[1]Santiago, J. (2007). Sistema educativo y pobreza. Ciencias de La Educación, 17(29)

[2]Vandenberg, P. (2008). Eliminación del trabajo infantil Guías para los empleadores.

[3][3]Mitjáns, A. (2001). Trabajo infantil y subjetividad:  una perspectiva necesaria. Estudos de Psicologia, 6(235-244).

Escribe Blanca María de Rivero

« Previous Post
Next Post »