Seminario anual de liderazgo

¿Es posible innovar en política? Valores de una generación que aspira a dirigir el país

Gracias a la invitación de Luis Nunes y el Instituto Nacional Demócrata (NDI), participamos en su Seminario Anual de Liderazgo, dirigido a jóvenes líderes de partidos políticos del país. Fueron exactamente 29 asistentes, provenientes de muchas regiones del país y de una gama representativa de organizaciones. Se nos pidió una exposición sobre la llamada “Política 2.0”, tema que hemos abordado ya enartículos anteriores y sobre el que seguiremos reflexionando.

Ahora quiero, más bien, resaltar algunas impresiones personales del encuentro, que se suman a la reciente experiencia de visitar Ayacucho y compartir con los jóvenes líderes del movimiento regional “Juntos sí se puede”.

  1. Es absurda la imagen que nos venden (imponen) los medios sobre la condición naturalmente “apolítica” de los jóvenes. Nuestros cortos viajes y experiencia de relación con otros coetáneos nos confirman que existen representantes de una generación dispuesta a tomar parte efectiva de la clase política del país. Sin embargo, la petit politique que muestran algunos programas y diarios “serios” está inflamada de escándalos con ribetes farandulescos. Ya quisieran algunos de estos jóvenes líderes tener una pequeña entrevista en un canal de televisión o si quiera que se les solicite opinión política sobre el país. Los medios juegan con un doble estándar que, por un lado, reduce los intereses juveniles al nivel del prejuicio y, por otro lado, denuncian la inacción de una sociedad joven que aparenta desidia.
  2. No somos los jóvenes, por otro lado, quienes debamos asumirnos como una generación salvadora. Por el contrario, hay a veces un discurso de negación –típica imagen rebelde frente al status quo- excesivamente reactiva y hasta reaccionaria que debemos desterrar. Debiéramos, los jóvenes que hacen –o los que creemos hacer- política, distinguir entre la paja del trigo rescatando aquellas ideas, reflexiones y figuras de la vida del país que nos permitan generar referentes y paradigmas. La noción de que la historia se escribirá a partir de nosotros es no sólo innecesaria, sino ingenua.
  3. Para construir una generación política que nos distinga positivamente frente a otras precedentes, sugiero reflexionar sobre algunos valores que debieran ser banderas de nuestra causa:
  • El valor de aprender, de convencernos de que los saberes no son sólidos y estables, y que hacer política supone y exige conocer, sobre todo, las micro necesidades de cada provincia y región, su geografía, sus culturas, sus dinámicas económicas, sus posibilidades. Deslimeñizar el poder será una consecuencia de ese conocimiento integral del país y sus complejidades.
  • El valor de dialogar, de estar preparados para conversar y discrepar con ciudadanos de manera horizontal y permanente. Saber que el intercambio de ideas es base para la construcción de ciudadanía. La acción política, creemos, es un ejercicio de pedagogía constante.
  • El valor de reconocer, de saber quiénes otros están aportando, desde sus ideas y campos, para el desarrollo del país. Reunirnos, organizarnos, convocarnos. Pensar en secreto que lo que nosotros hacemos es único e irrepetible es signo de supina ignorancia. En un país con tanto diagnóstico, es obligación de los jóvenes reconocer de nuestros pares las buenas prácticas para replicarlos y transformarlos en ideas políticas. Los derechos de autor sobran cuando se trata de hacer eficiente la gestión pública.
  • El valor de confiar, de poder mirar a otros jóvenes y entregarles nuestras expectativas frente a ellos y frente a nosotros mismos. Generando redes de confianza podremos superar, en parte, la violencia y la indiferencia que tanto respiramos en las calles. Sentir que sí posible hacer política honestamente es redignificarla.

Estos valores deben fundamentarse en una actitud de humildad, compromiso y coherencia. Seguiremos compartiendo, viajando, aprendiendo y confiando. Abrimos entonces la pregunta: ¿Podremos ser una generación distinta?

Julio César Mateus, comunicador y miembro de Gobierno coherente

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