La política multidimensional

Aunque nadie objeta su histórica presencia, la oposición izquierda-derecha en el Perú, más que ofrecernos una aproximación ideológica útil y una comprensión cabal de las propuestas e intereses políticos, ha logrado confundirnos. La simplificación del debate político en esos términos, repetidos –literalmente- a diestra y siniestra, lo ubican en una dimensión plana y ambigua. Peor aún cuando las tantas oposiciones sobre las cuales se fundamenta -idealismo/pragmatismo, más Estado/menos Estado, pobres/ricos, entre otros- parecen hibridarse, extinguirse o paradójicamente coincidir.

Derecha e izquierda son hoy etiquetas que desubican al ciudadano, empobreciendo su nivel de análisis y propuesta. La discusión queda en un plano intelectual o mediático, usualmente efectista. Lo que ha llevado a algunos políticos, a veces con astucia y superficialidad, a declararse “de centro”. Esta cómoda posición retrata las limitaciones de los extremos, pero tampoco es suficiente y suena vacía.

La vida útil de esta polarización ha incorporado a la política una costumbre maniquea y llena de estereotipos propios de una mediocre telenovela. ¿Por qué los Derechos Humanos terminan siendo bandera de un sólo extremo? ¿Acaso algunas alternativas de privatización no pueden convivir con otras de administración estatal? El problema se agrava cuando pensamos que todas las posibilidades son excluyentes y no que cada acción política contiene un conjunto de variables más complejo que una línea de dos lados. Dividir entre izquierdas y derechas es usado más para subrayar resentimientos y prejuicios que para encontrar soluciones a los problemas del país.

La nueva mirada política debe incorporar las dimensiones que sean necesarias para tomar una decisión correcta con la persona como eje. Por ejemplo, la extensión de la base social que participa, la visión larga y estructural frente a una más coyuntural y concreta, las recetas a la altura de los resultados a que aspira. Alternativas contradictorias seguirán apareciendo en la historia y no tenemos por qué colocarlas siempre a la izquierda o a la derecha, pues a estas hace rato que le quedó grande el espectro.

Para los jóvenes resulta más coherencte que los partidos establezcan posiciones claras sobre temas como el rol del Estado frente a la corrupción, el cambio climático o cómo evitar la fuga de talentos y cómo sortear esas amenazas. Asimismo, prefieren escuchar estrategias que incorporen todos los lados: el idealismo y la eficiencia no están tan reñidos, por citar un ejemplo.

Los partidos políticos –presumiendo que existen algunos- deberían repensar sus discursos e incorporar en ellos un espíritu más pedagógico que base sus ideas en una concepción multidimensional de la política. De lo contrario, las próximas elecciones volverán a encontrarnos en el estéril debate de ideologías de otros tiempos, en lugar de brindarnos un escenario para repensar las grandes metas del país y, sobre todo, cómo y con qué estrategias cumplirlas.

Julio C. Mateus y Elohim Monard, miembros de Gobierno coherencte.

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