La lupa con la que me miras

Es común escuchar dentro de las clases intelectuales, pero también en la boca de los jóvenes, comentarios que estigmatizan y culpabilizan a votantes de partidos o figuras que parecen ajenas a los valores democráticos y del estado de derecho. Es con esta incomprensión que, en democracias sólidas, se observa a los electores del euroescéptico y populista UK Independence Party, a los del partido xenófobo del Front National en Francia o a los seguidores del Tea Party o de Donald Trump en Estados Unidos.

Con asombro similar, muchos observamos el incontestable liderazgo de Keiko Fujimori en las encuestas realizadas en los últimos meses. No es improbable que muchas personas consideren con algo de condescendencia y desprecio a los electores fujimoristas.

Esta forma de culpabilizacion de “malos comportamientos democráticos y electorales”, pueden venir de plumas muy autorizadas. En agosto del noventa y nueve, Mario Vargas Llosa publica en El País una tribuna titulada “El Suicidio de una Nación”. El ganador del premio de periodismo Ortega y Grasset expresa lo siguiente:

Lo cierto es que la historia de América Latina está llena de dictadores, déspotas y tiranuelos que fueron populares, y que ganaron (o hubieran podido ganarlas si las convocaban) las elecciones con que, de tanto en tanto, se gratificaban a sí mismos, para aplacar a la comunidad internacional o para alimentar su propia megalomanía. ¿No es ése el caso de Fidel Castro, decano de caudillos con sus cuarenta años en el poder? ¿No lo fue el del general Perón? ¿No lo ha sido, hasta hace poco, el de Fujimori en el Perú, a quien el pueblo premió, según las encuestas, con una violenta subida de la popularidad cuando hizo cerrar el Congreso por los tanques? El dictador emblemático, el Generalísimo Rafael Leónidas Trujillo, gozó de aura popular y es probable que el pueblo dominicano hubiera despedazado a sus ajusticiadores si les echaba la mano encima la noche del 30 de mayo de 1961. Que un número tan elevado de venezolanos apoye los delirios populistas y autocráticos de ese risible personaje que es el teniente coronel Hugo Chávez no hace de éste un demócrata; sólo revela los extremos de desesperación, de frustración y de incultura cívica de la sociedad venezolana.

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En el siglo XIX, Gustave Lebon, considerado una de la mentes más brillantes de su época por sus contemporáneos, explicaba en la Sicología de la Multitud (La psychologie des Foules) que los individuos reunidos en multitudes son poco aptos al razonamiento y muy propensos a la acción. Estas acciones son a menudo irracionales. Este enfoque fue criticado después por Sigmund Freud en particular y también por las ciencias sociales modernas como por ejemplo en los trabajos sobre la acción colectiva de Marcur Olson, Charles Tilly, Sideny Tarrow. Es totalmente diferente el enfoque del conocido historiador marxista ingles de E. P. Thompson en su artículo La Economía Moral de la Multitud (The Moral Economy of the Crowd). Thompson muestra que los motines de subsistencias del siglo 18 frente a reformas económicas responden a un ideal de equidad de las sociedades pre-capitalistas de la Europa del Antiguo Régimen y no eran actos irracionales frente al avance técnico.

Con los trabajos seminales sobre el comportamiento electoral en Francia de Nonna Mayer, sabemos que el ascenso electoral del Frente Nacional en Francia en los 80 no se debe a un grupo social sólido –ni totalmente popular, ni totalmente xenófobo- sino más bien, decepcionados crónicos de la política tradicional que tienden a votar por diferentes partidos y sobre todo a abstenerse.

En suma, lo menos que podemos decir es que es muy probable que muchos juzguemos al voto fujimorista con algo de sesgo social o por lo menos con poca objetividad.

¿De qué está hecho el fujimorismo del siglo 21?

En el caso particular del fujimorismo debemos agregar que es la fuerza política que se ha adaptado con mayor eficacia y cierto grado de profesionalismo a las reglas del juego político nacional. Si usamos la excelente tipología desarrollada por Mauricio Zavaleta, Fuerza Popular es en realidad una “coalición de independientes” de tamaño nacional. Así, Fuerza Popular en vez de apoyarse en militantes de vieja guardia, ha preferido reclutar nuevos cuadros con altas posibilidades de ganar en todo el territorio nacional. Esta estrategia fue usada con éxito por Ollanta Humala para las elecciones del 2011.

Zavaleta describe así los movimientos regionales –las agrupaciones más exitosas en la política local- pero su análisis se aplica perfectamente al caso de Fuerza Popular:

Aunque (los movimientos regionales) muestran características heterogéneas, la literatura coincide en señalar la improvisación de sus estructuras, la pobre articulación política lograda y sus bajos índices de enraizamiento. Sin embargo, a pesar de su precariedad organizativa, estas agrupaciones han sido exitosas en agregar políticos locales a sus filas en desmedro de los independientes partidos nacionales.

La mayoría de movimientos regionales son incapaces de proveer de capitales ideacionales o administrativos a sus candidatos, ni cuentan con mayores incentivos para hacerlo. En ausencia de bienes de transacción en el mercado electoral, los políticos realizan un cálculo de cálculo de costo-beneficio en el que evalúan a los candidatos con los cuales aliarse.

Dentro de este cálculo, los candidatos cuentan con un valor estimado, al que llamo valor de competencia, el cual consiste en su reputación personal y los recursos de los que disponen para invertir durante la campaña electoral. Al igual que en las elecciones al Congreso, en la cual los políticos evalúan su incorporación a una lista congresal sobre la base de las oportunidades de los candidatos presidenciales, los candidatos regionales y locales buscan asociarse con aquellos otros simbolicen mayormente beneficios electorales.

(…)

En primer lugar, la suma de reputaciones personales brinda información a los electores sobre la viabilidad de triunfo de los políticos en competencia: los candidatos municipales coaligados con un liderazgo regional que cuente con oportunidades de triunfo son considerados por los votantes como opciones factibles para ganar las elecciones locales, mientras que buenos candidatos municipales cumplen el efecto similar para el postulante regional. En segundo lugar la inversión económica de los candidatos genera una especie de economía de acumulación: la suma de las campañas personales de los políticos asociados forma en conjunto una campaña amplia, distribuida por toda la región y de mucho mayor alcance que una campaña independiente.

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A esto debemos agregar un importante trabajo a través de “operadores políticos” en todo el país. Estos semi-profesionales de la política se presentan como expertos en elecciones. Esta competencia es adquirida en la vida política universitaria o durante la militancia en partidos políticos tradicionales antes del colapso del sistema partidario en el Perú después de la elección de Alberto Fujimori. Estos operadores son los que se ocupan de la parte logística en las regiones: murales de propaganda, meetings y portátiles, propagar rumores sobre los adversarios, comprar periodistas radiales en regiones alejadas etc. Estas técnicas han probado su eficacia con el éxito de los movimientos regionales.

Además tenemos que resaltar el importante trabajo de campo realizado durante varios años por Keiko Fujimori. Mientras la actividad de los principales actores políticos giraba alrededor de los debates de la comisión de fiscalización del Congreso de la Republica, Keiko Fujimori recorrió el país de manera constante.

Para este punto cabe traer a colación el canónico estudio sobre los poderes sobrenaturales de los reyes ingleses y franceses durante la edad media clásica de Marc Bloch en 1929, Los Reyes taumaturgos. Para el innovador historiador, la fuerza de la creencia en un “toque real” que curase las enfermedades se debe en parte a la rara presencia del rey en las provincias. Con lo cual, el hecho de verlo, y a fortiori tocarlo, era algoparecido a un milagro. En estudios más recientes, pero no menos influyentes, Nicolas Mariot, sociólogo especialista de las condiciones sociales de adhesión al conformismo, muestra como los viajes de los presidentes y de los candidatos presidenciales responden a micro-lógicas situacionales muy efectivas para conseguir aprobación.

En Perú, el simple hecho de que un personaje de primera plana vaya al contacto del electorado –en particular en zonas remotas o marginales- participa de la creencia que un candidato va a preocuparse de los problemas inmediatos de los ciudadanos. A esto debemos agregar la creencia -más o menos exacta- en que Alberto Fujimori fue el primero en “llegar a lugares donde antes los presidentes no iban”, como la Amazonia. Este último factor explica parcialmente también el voto a favor de Peruanos Por el Kambio. Como Fujimori, Kuczynski se dedicó a viajar al interior del país durante los cinco años precedentes a la actual campaña electoral. Gilbert Violeta, asesor principal de PPK quien se formó en movimientos de izquierda, ideo esta estrategia.

En la encuesta de opinión nacional urbano-rural publicada en el diario El Comercio en su edición del domingo 21 de Marzo 2016 , realizada durante la primera vuelta del proceso electoral, se muestra las preferencias que los electores de Fuerza Popular en el caso que su candidata no se presentase. No debería sorprender, entonces, que un 33% se inclinara por un acriollado Pedro Pablo Kuczynski y 26 % votaría blanco o viciado.

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La destrucción del sistema de partidos -tradicionales- de manera consciente por el ex autócrata es algo bastante bien estudiado por los politólogos especialistas del Perú. Sin embargo, la producción científica es escasa sobre la influencia del fujimorismo en el sistema de partidos y en las formas de participar en la competencia política. Al fin y al cabo, este es el verdadero legado de Fujimori padre a Fujimori hija, de una estructura partidaria que se adapta –mejor que todas- a las nuevas reglas no escritas e informales de la política. Tal vez, Veronika Mendoza y Alfredo Barnechea fueron los únicos en proponer políticas públicas y organizaciones partidarias radicalmente diferentes. La crítica social que no queremos ver

Desde este punto de vista, no debería sorprendernos la increíble lucidez sobre las reglas del juego político de una parte de la población. En realidad, es la confianza de la otra parte de la población en esquemas de análisis forjados en y para sociedades europeas que resulta sorprendente.

En los casos de votos “extremos” en Europa y Estados-Unidos muchos observadores coinciden en que es una expresión política rechazo a las elites y la organización del poder. Algunos extienden este análisis a los movimientos terroristas.

Siempre es fácil acusar a la persona de la vereda de enfrente de “irracional” o “tonta”. Este tipo de análisis es la derrota de la razón y de las ciencias sociales. No hay voto irracional. Los actores siempre tienen buenas razones para actuar como lo hacen. Mientras no tomemos en serio a todos los peruanos, el Perú seguirá siendo un mundo ancho y ajeno. Mientras no recorramos los valles andinos, mientras no salgamos de los resorts al pie de los ríos amazónicos, mientras no comprendamos que los distritos periféricos son las partes más vibrantes de la ciudad, seguiremos siendo una nación frustrada e incomprendida. Mientras no construyamos espacios de participación originales y adaptados a nuestra sociedad, Fuerza Popular seguirá siendo la asociación delictiva más exitosa del país.

Elías González

Politólogo.

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