En el Perú es una realidad que los jóvenes somos un grupo preponderante dentro de la pirámide poblacional. Este momento se ve reflejado en el mercado laboral ya que aproximadamente el 32% de la PEA, en el 2008, tenía entre 15 y 29 años. Además, en los últimos tiempos la participación de egresados de institutos técnicos superiores y universidades ha aumentado hasta abarcar el 25% de la PEA. Conjuntamente con este fenómeno, el país ha vivido un episodio de crecimiento sostenido que ha permitido la generación de nuevos puestos de empleo para jóvenes, especialmente en los rubros de servicios, comercio e industria (1).
Sin embargo a pesar del escenario descrito anteriormente, solo el 53% de los jóvenes con educación superior, en Lima Metropolitana, ejerce su profesión (2). Esta situación, si bien ha experimentado una mejora con respecto al 47% de profesionales en dicha posición que se registró en el año 97 a nivel nacional (3), es preocupante no sólo por los jóvenes que se encuentran trabajando sino por aquellos que deban tomar la decisión de escoger alguna profesión en los siguientes años y tienen enfrente esta visión.
En primer lugar la calidad educativa no es solamente baja en comparación a la que los jóvenes merecemos recibir para luego enfrentarnos exitosamente al mercado laboral, sino que es altamente heterogénea entre centros educativos, siendo más baja la de los establecimientos públicos. Otro caso es el de los institutos técnicos. Como menciona Yamada, “la rentabilidad real de la educación superior no universitaria, las llamadas “carreras técnicas”, es bastante mediocre, e incluso puede ser cercana a cero, lo que pone en duda su racionalidad económica y social” (4).
En segundo lugar, más allá de la calidad educativa brindada, tenemos que tener en cuenta que está existiendo claramente un desencuentro entre oferta y demanda en el mercado laboral que el sistema educativo no está teniendo en cuenta. La imagen del profesional taxista es la clara fotografía de esta situación. Existen carreras que cuentan con una cantidad irracional de profesionales así como sectores en los cuales se sufre por encontrar personal con capacidades específicas a sus necesidades.
Por lo tanto, los jóvenes observamos expectantes y con optimismo la evolución económica del país en la cual las oportunidades de trabajo aumentan de manera conjunta con esfuerzos por mejorar nuestras condiciones laborales. Sin embargo aún hay reformas sustanciales que deben realizarse en campos como el educativo para garantizar mejoras perennes en el escenario laboral para los jóvenes en los próximos años.
(*) Este artículo fue publicado en el Boletín especial del proyecto PREJAL-Promoción del Empleo Juvenil en América Latina de la OIT, descárgalo aquí. ______________________________________ 1 OIT. (2008) “Trabajo Decente y Juventud en Perú”. 2 Peru21, domingo 18 de Abril de 2010. “46.7% de los profesionales no trabaja en su especialidad”. 3 Burga y Moreno (2001). “¿Existe subempleo profesional en el Perú Urbano?”. Investigaciones Breves N°17, CIES y GRADE, Lima. 4 Yamada (2007). “Retornos a la educación superior en el mercado laboral: ¿Vale la pena el esfuerzo?”. Documento de Trabajo N° 78, CIUP, Lima; pp. 67.





Hola José!
La problemática laboral en el país es una de las más cruciales pues encontrar un empleo todavía constituye para muchos la fuente de ingresos principal. Y los jóvenes no somos la excepción. El panorama, como bien indicas, es preocupante.
El desencuentro entre lo que las empresas requieren como personal y la existencia de ese personal disponible para ser contratado, es una realidad. Y si bien desde el sistema educativo se viene ignorando esta situación, también habría que adicionar al otro responsable: el tipo de crecimiento económico de estos últimos años.
Muchos economistas serios afirman que es primario-exportador: extrae los recursos naturales, los exporta, y depende de los precios internacionales, sin más. Las empresas en la extracción exigen personal calificado –la tecnología que emplean es equiparable con la de sus pares en países desarrollados- y, sin embargo, el aporte de puestos de trabajo en ese sentido es muy poco. El resto de empleo, el mayoritario, se viene generando en sectores de baja productividad como los servicios y el comercio, sobre todo microempresarial (y no es que la microempresa sea deficiente en sí misma).
La industria peruana, por más que cuente con un segmento ‘no tradicional’, todavía no se ha propuesto llevar a cabo altos niveles de procesamiento de insumos de diverso tipo para producir bienes y servicios de elevada calidad. Peor, es menos relevante que el sector minero e hidrocarburos (los que han venido explicando el crecimiento económico en los últimos años, perteneciendo ambos al sector primario, además de estar desarticulados del resto de la economía).
Por eso me preguntaba,¿Qué pasaría si la educación mejorara pero el tipo de crecimiento económico sigue siendo el mismo, primario-exportador?. Tomando en cuenta la peculiaridades del país, creo que responder la pregunta no es fácil.
Para culminar, me parece que tanto la educación en general -y la superior en particular- como el tipo de crecimiento económico, deben cambiar sustancialmente y articularse en un solo rumbo (lo cual implica definir la posición del país a nivel mundial), con una visión planificada orientada a generar bienestar poblacional. ¿Cómo hacerlo? he ahí la cuestión.
Un fuerte abrazo,
Fernando Félix.
Para mí la respuesta está en la especialización, con profesionales que sepan hacer bien
las cosas, que manejen su área y sepan defender su trabajo se va a conseguir que empresarios se jueguen por proyectos cada vez más complejos.
Una característica de los empleados y los empleadores es querer abarcar lo más posible.
Un empleador busca un profesional multifacético que pueda cubrirlo bien. Se prefiere el que hace muchas cosas al que hace pocas. Para el mismo puesto de trabajo se pide un ingeniero de sistemas, uno industrial y hasta un administrador, cuando el puesto efectivo de estos profesionales
tendría que tener un perfil diferenciado. La consecuencia es la sobrepoblación profesional
de estas áreas, que mas o menos nos garantiza una demanda laboral mayor pero también una mayor competencia y por ende también desempleo o subempleo.